Mi abuela siempre se lo decía a mi madre y desde que tengo memoria mi madre nos lo repite en casa. No hay día en que mi madre no evoque algún refrán y no hay día en que no nos mire sin repetirnos amorosa: Recuerda que vienen tiempos mejores.
A veces cuando los días son grises y las sumas resultan difíciles de hacer, me siento en algún lugar de la Plaza Mayor y pienso en que toda mi vida he escuchado eso y que nunca he visto esos tiempos mejores de los que tanto habla mi madre y mencionaba aún en la cama del hospital mi amada abuela, no, no veo esos tiempos mejores llegar por ningún lado, a veces y sólo a veces he llegado a pensar eso.
Y te lavas la cara haciendo especial énfasis en los ojos, pretendiendo que lavándotelos
podrás ver mejor esos tiempos mejores, apuras y apuras el agua al rostro y no
consigues más que refrescarte. De niña se me figuraba que cualquier día después
de que mamá dijera eso, todo se habría transformado como por arte de magia y
tendría las anheladas zapatillas rojas, la casa de muñecas y no vería a mi
padre siempre tan cansado llegando de un duro día de trabajo. Se me figuraba
que mi madre ya no se preocuparía nunca más acerca del qué darnos de comer y
que aparecerían sacos de papas y sopas en algún lugar de la alacena de la
cocina, pero a menudo lloraba a solas y me sentía no sólo frustrada sino que
muy enojada de que mamá dijera algo que yo pensaba que era una total mentira
sólo para consolarse y consolarnos.
Y así buscaba y buscaba cómo asomándome al futuro algún lugar o alguna cosa en
la que pudiera ver aparecer uno sólo de esos tiempos mejores, sí, con uno sólo
me conformaría para ser estar bien. Pasaba ratos en el colegio imaginando cómo
o cuándo o por dónde llegarían, y al no ver nada por ningún lugar, llegué a
convencerme de que si no veía las cosas, no tenía por qué creer en ellas. Sí,
la lógica nos dice que no podemos creer en aquello que no vemos y sí nos
aferramos a ello lastimosamente no veremos llegar milagros, ni regalos, ni
sorpresas... ni los tiempos mejores que nuestras madres y abuelas siempre nos
están recordando.
Un día recorté en hojas de colores las letras que forman: Vendrán tiempos
mejores. Las pegué en el espejo del peinador y tomé la seria y determinante
decisión de lavarme pero los ojos del alma y simplemente de en adelante,
aprender a confiar. Dejé de esperar el cómo, el dónde y el cuándo y entre más
agobiada me sentía me repetía que no estaban lejos los tiempos mejores. Tuve
que sumar aún en las dificultades, tuve que repetirme incesantemente aunque no
tuviera quinto en los bolsillos y estuviera enferma que sí, siempre vienen tiempos
mejores.
Han pasado años de aquellos días de rebeldía e incredulidad, a la larga creo
que el sufrimiento es mayor si no tenemos FE, AMOR y PACIENCIA para superar la
adversidad. Creer que vienen tiempos mejores es creer en una verdad profunda,
real y transformadora ¿qué verdad no es real y transforma?
Cada día que pasa las cosas se componen, NO a nuestra velocidad, NO siempre
como queremos, NO en el orden que deseamos, pero SÍ creo que cada día, SIEMPRE,
TODO MEJORA. Las cosas "malas" no son realmente malas, sería todo
sano y un poco más sencillo si aprendemos a ver lo "malo" como
desafíos y asentamientos de otras cosas buenas, nuevas y necesarias para
nuestro crecimiento espiritual ¿qué parte del alma no duele cuando debe
ensancharse?
Hay que amar todo tiempo aunque parezca malo o lloviznoso, hay que amar la
parcela repleta de hortalizas o sin ellas, hay que amar el hecho de estar vivos
y respirar, hay que amar que somos capaces de amar y perdonar pero sobretodo
hay que agradecer que tenemos la vista clara para percatarnos de que los buenos
tiempos están ahora en cada suma y que día con día todo mejora aunque muchas
veces en extraña apariencia empeora. LA FE MEJORA LOS TIEMPOS, EL AMOR MEJORA
EL ALMA Y LA PACIENCIA MEJORA LA SALUD DE NUESTROS CORAZONES.
Hace dos años me compré unas zapatillas rojas, vivo en una casa grande color
naranja donde mi madre tiene plantas por doquiera, diariamente merendamos
juntos mis padres, mis hermanos y yo, sobreviví un terremoto junto con miles de
chilenos, tengo un buen trabajo que me permite pasar ratos saludables
escribiendo y sigo dando lo mejor de mí por mis sueños... ¿Quién dice que estos
no son los tiempos mejores?
Jana Regalado.



































































































































































































































































































Janita cuando has escrito esto yo me remonto también en mi niñez,pero nadie me dijo que habrían tiempos mejores, tu debes estar feliz de tener una abuela que te supo aconsejar y un madre como la que tienes que hizo de sus hijos valientes seres humanos
Cariños nenita
Aracely
Ah, la vida Aracely...
Lo importante es que fuimos niñas que nos lo dijeran o no, hemos sabido sumar desde entonces.
A mi abuela la extraño mucho, supo dejarnos a todos valiosos regalos para el corazón. A mi madre gracias a Dios que la tengo y que aún solemos sentarnos en la mesa a sumar. Mi bisabuela materna nos dejó el año antepasado a la edad de 102 años, con ella no hablé mucho pero mamá me cuenta la de sumas que le enseñó.
Estos son tiempos mejores, aunque muchos dirán: si estos son los mejores ¿Cómo estarán los peores?... pero no se dan cuenta que se dice son "tiempos mejores", no "los mejores tiempos"; esos... aún están por venir en la eternidad.
Puchas, el corazón se me hace de pollito.
Un besito!
Janita.
Qué lindo escribes, cuanto aprende uno de tus letras, con decirte ahora que he "aprendido a sumar “y así quiero seguirlo haciendo y se lo enseñaré a mis hijos aunque ya grandes les llevaré este mensaje de una niña que me enseñó a sumar.
Cariños nena